lunes, 18 de abril de 2011

Mi Cuba.


Mi Cuba es generosa. Te recibe con las manos abiertas, desnudas y casi vacías, pero abiertas. Te quiere con su son y te espera tomando ron. Y no puedes marchar sin más, porque las cosas que dejas en La Habana se quedan para siempre impregnadas en el olor a Malecón, a Santa Clara, a Santiago.

Nunca he estado en Cuba. He viajado mil veces allí, en vivencias, en recuerdos de mi tío y amigos, en los libros que me llegaban, un poco amarillentos, desde la isla. Y eso de escribir las cartas, de las de sobre con ribete azul y rojo, 'Air mail', con él, a aquellas mujeres y sus niñas de uniforme rojo de primaria cubana de las que imaginaba mil historias por aquellas desvencijadas calles de las fotos. Y su Ileana, y aquellas familias de Camagüey que abrían las puertas de sus casas, y los campesinos cubanos en su lucha hermanada. Aprender de Camilo Cienfuegos y saberte 'Lágrimas Negras' y 'Hasta Siempre, Comandante', más o menos, desde que tienes uso de razón. Que desde las paredes de la habitación te observaran los ojos de Ernesto Guevara ('qué guapo, habano suspendido en las comisuras') y pensaras que cuánto de valiente tendría que tener aquel hombre que empujaba ultramar cada enero a tu tío y cuyo nombre aparecía en muchos de los lomos de sus libros. Y aquello de guardar muchos muchos bolígrafos para que ellos escribieran y sentirte, desde tu tierna infancia, muy implicada con la causa. Que entre aquellas paredes del merendero, refugio de algunos pocos idealistas, se debatiera tan pasionalmente sobre comunismo y, tú, permeable como pocas, orejas atentas, te quedaras siempre con aquel 'Hacia atrás ni para tomar impulso, socialismo o muerte, venceremos' y el 'Coca-cola asesina, vino tinto al poder', que ahora te hacen mucha gracia. Y que Sara, con su alegría y aquella sudadera azul, blanca y roja de la selección nacional cubana de gimnasia -o algo así-, sacara a bailar a todo aquel que se prestara cada fiesta. Y mucho mojito de los de verdad, de los que huelen a las veces que no estuviste en La Habana.




Qué ganas de volver, esta vez con los cinco sentidos.


1 comentario:

  1. hace un mes estaba allí, paseando por las preciosas calles de La Habana... nunca superaré haber vuelto, esta depresión post-Cuba me va a durar hasta que vuelva por allí, que espero que sea prontito :) la magia de ese país no se encuentra en ningún otro lado... preciosa entrada =)
    ¡un besillo!

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