Las expectativas no son malas, exigir(se) lleva al cambio, a mejorar. Lo malo es todo lo de las novelas, los cuentos, las aventuras y las películas que nos hemos metido en la cabeza antes de echar a andar. Lo de agarrarse a un clavo ardiendo, creer siendo ateas y esperar y esperar. Y lo de los amores clandestinos, lo de los imposibles, lo de las que no son de nadie, lo de las historias que dejan con la boca abierta y corazón encogido. Dicen que si esta vida fuera feliz, creeríamos que no estamos viviendo la realidad y trataríamos de despertarnos. Algo de eso debe haber en lo de asociar el sufrimiento a lo verdadero y los golpes a aprender. Que nos merecemos la película, el cuento y las aventuras de todas las mujeres que nos conforman y es un revulsivo para seguir caminando. Porque eso lo tenemos claro, el camino. No, nada a seguir. Lo de que vamos andando, juntas. Mientras, iremos dejando bocas abiertas y corazones encogidos. No sé si al final tendremos o no el "péndulo caótico", o "el guerrillero" o un "Pablo", pero si escogen este camino, y apartan piedras y allanan baches, habrá merecido la pena. Y cuando el argumento no dé para más, echamos a correr, que la velocidad despierta.
lunes, 25 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Que me sabe a libertad.
"Conozco la sonrisa brillante de las mañanas, las tardes melladas, las desdentadas noches. Sé del aullar de gigantes en lumbres de aspa de molino, se del letargo de los sentidos entre el estruendo de monedas, sé del nectar de las bocas y de su aliento en la nuca, sé de las palabras inútiles como bolitas de humo, y de camas deshechas como lienzos desflorados, sé de los bordes cortantes del canto herido, sé de su demencial cordura.Desconozco, sin embargo, ese rostro, vagamente familiar, que me mira a cada instante desde el espejo."
Kutxi Romero
He perdido la cuenta de los tumbos, pero volver aquí siempre es volver a poner el contador a cero y a mirar con perspectiva, siguiendo el plano de ruta. Y darse cuenta de que cada vez estás más lejos y más cerca, pero que nunca te pierdes de vista si sigues con los pies en la tierra y las raíces.
lunes, 18 de abril de 2011
Mi Cuba.
Mi Cuba es generosa. Te recibe con las manos abiertas, desnudas y casi vacías, pero abiertas. Te quiere con su son y te espera tomando ron. Y no puedes marchar sin más, porque las cosas que dejas en La Habana se quedan para siempre impregnadas en el olor a Malecón, a Santa Clara, a Santiago.
Nunca he estado en Cuba. He viajado mil veces allí, en vivencias, en recuerdos de mi tío y amigos, en los libros que me llegaban, un poco amarillentos, desde la isla. Y eso de escribir las cartas, de las de sobre con ribete azul y rojo, 'Air mail', con él, a aquellas mujeres y sus niñas de uniforme rojo de primaria cubana de las que imaginaba mil historias por aquellas desvencijadas calles de las fotos. Y su Ileana, y aquellas familias de Camagüey que abrían las puertas de sus casas, y los campesinos cubanos en su lucha hermanada. Aprender de Camilo Cienfuegos y saberte 'Lágrimas Negras' y 'Hasta Siempre, Comandante', más o menos, desde que tienes uso de razón. Que desde las paredes de la habitación te observaran los ojos de Ernesto Guevara ('qué guapo, habano suspendido en las comisuras') y pensaras que cuánto de valiente tendría que tener aquel hombre que empujaba ultramar cada enero a tu tío y cuyo nombre aparecía en muchos de los lomos de sus libros. Y aquello de guardar muchos muchos bolígrafos para que ellos escribieran y sentirte, desde tu tierna infancia, muy implicada con la causa. Que entre aquellas paredes del merendero, refugio de algunos pocos idealistas, se debatiera tan pasionalmente sobre comunismo y, tú, permeable como pocas, orejas atentas, te quedaras siempre con aquel 'Hacia atrás ni para tomar impulso, socialismo o muerte, venceremos' y el 'Coca-cola asesina, vino tinto al poder', que ahora te hacen mucha gracia. Y que Sara, con su alegría y aquella sudadera azul, blanca y roja de la selección nacional cubana de gimnasia -o algo así-, sacara a bailar a todo aquel que se prestara cada fiesta. Y mucho mojito de los de verdad, de los que huelen a las veces que no estuviste en La Habana.
Qué ganas de volver, esta vez con los cinco sentidos.
sábado, 16 de abril de 2011
Reconciliación.
* Foto: Pasaje Gutiérrez, Valladolid. De paso.
viernes, 15 de abril de 2011
Abriles llenos de soles.
Tenemos los vestidos al vuelo y veranos en primavera. Tenemos terrazas y espuma de cerveza. Tenemos la cabeza en las nubes y el futuro nublado. Tenemos nostalgias y esperanza, de lo que no hemos vivido, de lo que esperamos vivir. Tenemos flores moradas, rojas y amarillas y las raíces en Castilla. Tenemos los campos espigándose, el pelo revuelto y la sonrisa despeinada -de ir en contra de los vientos-. No tenemos miedo, pero nos comen los temores en futuro imperfecto. Tenemos la mirada brillante y los latidos desbocados. Nos tenemos, que, al fin y al cabo, es lo importante.
Vuelvo a casa. Allí me esperan mis tres, y mis otras tres, y todos los demás.
Y esos señores a los que cada vez echo más de menos, será que cada vez voy pensando más parecido. Que Valladolid se vista de terrazas sin licencia y Amusquillo de verde que te quiero verde, mis campos de Castilla.
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